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Las ásanas del Hatha Yoga

Las ásanas del Hatha Yoga – Tadásana

Las ásanas que practicamos en las sesiones de Hatha Yoga no pretenden ser “poses bonitas” en tanto que, lo más bello, no se ve.

Ásana es una postura y, esencialmente, una postura frente a la vida.

No debemos olvidar que lo que es adentro es afuera y, como vivimos en la ásana, de este modo va a ser en nuestra vida. Tal como encaramos la ásana es como encaramos las circunstancias.

Con el tiempo, no solo trabajamos el cuerpo, la psique y la respiración, sino más bien todo lo que sentimos.
PRÁCTICA : TADÁSANA

Las posturas más simples del Hatha Yoga son, en sí, las más complejas puesto que es muy simple divagar, meditar en otras cosas, olvidar que estamos en una práctica.

Ciertos maestros la llaman la “postura de la montaña” por su estabilidad y su solidez. De ahí que es el punto de inicio de muchas ásanas de pie.

Estático sobre tu eje vertical, con los pies juntos, cerciórate de que estos conectan bien con la tierra, verificando que, tanto las bases de los dedos gorditos como los bordes internos y externos de los talones, tocan equitativamente el suelo, creando una base estable y segura, mas sin tensión. Puedes cerrar los ojos.

Verifica que tu peso está bien distribuido entre estas 4 esquinas de los pies, justo en el centro.

Imagínate una línea de energía que nace entre los pies y recorre tu cuerpo por el centro hasta la cabeza. Siente que estás centrado en tu columna, como un leño seguro del que cuelgan los hombros y brazos.

La cabeza alineada con la columna como el punto de una “i”, prácticamente flotando, sin tensión en ningún músculo del cuello, estirando interiormente las cervicales.

El abdomen firme, el pecho un tanto cara afuera.

Cuando hagas esta postura apropiadamente vas a ver que, con muy poca fuerza, te sostienes de pie.

Vas a poder relajar las rodillas, las nalgas… vas a sentir gran ligereza y reposo.

Pronto vas a sentir tu cuerpo moverse tenuemente, como un péndulo que busca su centro de gravedad.

Respira reposadamente, haz unas seis ó nueve respiraciones completas, prolongando el tiempo de exhalación. Siempre y en toda circunstancia respira por la nariz.

Puedes asistirte de pensamientos afables o bien de medites que te lleven a una auténtica meditación. Por ejemplo:

De pie y en calma, no corro a parte alguna.
De pie y quieto, solo observo, no interfiero.
De pie y en calma, me pregunto: ¿Dónde estoy?
De pie y en silencio, me pregunto: ¿A qué lugar deseo llegar?
De pie y en silencio, me paro con mi cuerpo, me mantienen mis principios, me mantiene la verdad, me sosten lo que amo, me incitan las personas que me encuentro en el paseo de la vida.
Estoy de pie, estoy vivo.

Practica la tadásana cuantas veces puedas. Existen muchas ocasiones a lo largo del día para hacer yoga: mientras que haces cola en el banco, mientras que esperas el autobús… Esta ásana te puede proporcionar como una pequeña meditación a lo largo del día.

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